martes, 31 de marzo de 2015

CAPITULO IV

-Me gustaría ensayar hoy una nueva canción a solas señorita, no le importa ¿verdad? - ella me sonríe y se va a el cuarto de enfrente.
Yo cierro la puerta y agarro una hoja de papel en blanco junto con un bolígrafo, garabateo un pentagrama y empiezo a escribir las notas, hago una para el piano con notas un poco más agudas, y por la parte de atrás de la hoja del pentagrama de la guitarra escribo la letra de una canción que se inventó mi padre.
Yūyake no iro.
Hanarete watashi no hōhō taore ochiba.
Watashi kakusa reta oto de kakushita.
Watashi wa idō koto ga dekinakatta.
Fukanō no tame ni jikkō shite mite.
Kore wa hon no naka no kagedatta.
Modotte eki ni mukau tochū de adoresu shitei.
Ni yakusoku.
Anata wa watashi no tame ni, nō to i~tsu.
Renketsu sa reru koto naku,
watashi ga damasa rete iru yō ni mieru.
Kage kakurete, go no kakusan o mita.
Toji rareta kantsū tobira.”
Agarro fuertemente la guitarra y empiezo a tocar la letra, sin prestar atención al resto de gente que está en la otra sala, cuando el niño que me estaba observando antes pasa a mi lado, paro de tocar la guitarra intentando ponerme sería pero lo único que consigo es ponerme más estresada y nerviosa.
-La señorita Miaría dice que le des la partitura de la canción que estabas tocando para enseñársela al resto de la clase.
Se me corta la voz y exaspero un murmullo que pretendía haber sido un gruñido, miro al chico seriamente y me doy cuenta de que ya lo había visto sentado en la otra rama del roble varias veces.
-Esta bien ahora mismo voy...
Agarro mis cosas junto con las partituras y salgo por la puerta intentando no cruzar la mirada con aquel chico.
Aquel chico tan misterioso que todos conocen por Tomas, serio y siempre apareciendo en los lugares menos esperados. Tiene el pelo color chocolate con leche tirando para un marrón caoba, sus ojos son marrones también,pero, más bien, van tirando para un negro azabache, siempre va vestido de blanco, azul y rojo, y cada vez que nos encontramos no para de mirarme durante un tiempo que para mí se hace interminable. Luego también está su encantadora prima con la cual me llevó a la perfección, tiene el pelo negro y los ojos marrones, y casi siempre va de amarillo, lo cual, ¡me encanta!

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