martes, 14 de abril de 2015

Perdón por no subir nada, digamos que ayer y hoy estaba un poco...triste? Aun sigo triste pero...bueno, no quiero dejar el blog asinque aquí os dejo el siguiente cap.
CAPITULO VI

Tras intentar no desmayarme en medio de la carrera continua y hacer veinticinco flexiones, me voy a la ducha a relajarme un poco.
Me quito la ropa sudada y la tiro al lavabo y me meto en una de la duchas consecutivas, el agua esta caliente y me puedo relajar tranquilamente en uno de los bancos que hay debajo de la ducha, empiezo a lavarme el cuerpo y después el pelo largo que me llega hasta los muslos, me empiezo a enjuagar la cabeza relajadamente, cuando, en un descuido, me resbalo y caigo en suelo. Me levanto y me froto las piernas doloridas, me las enjuago con agua caliente cuando derrepente cuando me pongo debajo, el agua sale fría.
-¿¡Pero que demonios?! - Agarro la toalla y con un ligero movimiento de muñeca me en lío en ella y salgo descalza cerrando la puerta detrás de mí, me entra un escalofrío, y veo a Damien lavándose la cara en el grifo conectado a mi ducha, frunzo el ceño y emito un gruñido.
Me quito la toalla y me visto con mi ropa interior y con una falda vaquera junto con una camisa simple azul, calzo mis zapatos con unas botas largas, me suelto el pelo y me pongo un lazo en una pequeña coleta detrás de la cabeza, al mismo tiempo, escondo unas gafas azules y rojas dentro de un bolsillo de la falda, agarro un libro y un cuaderno, salgo bajando los peldaños de la escalera rápidamente, cuando derrepente veo a Tomas y a Damien debajo mirando fijamente a el objeto que tengo dentro del bolsillo de la falda, yo me limito a salir corriendo en dirección a el gran roble de quince metros de altura aproximadamente y lo escalo con cuidado de que no se me caiga nada al suelo.
Cuando llego a la rama más alta y resistente del roble me siento y veo que ya casi que no puedo distinguir que lleva en el pelo Damien, apoyo la espalda en el tronco y, estirando los pies, me pongo las gafas y me relajo “bienvenidas seáis benditas gafas” me apoyo en el tronco y empiezo a escribir una canción tranquilamente sin preocupación alguna por lo que piensen los demas sobre lo que hago o lo que no hago en el árbol.
Al cabo de un tiempo apoyada en el árbol me quedo dormida.
Cuando me despierto me quito rápidamente las gafas al comprobar que alguien esta subiendo por el tronco.
-¿Quién es?
-Tomas y, tú que haces aquí, te has saltado la clase de Matemáticas.
-Bueno al menos era una asignatura aburrida.
Nos reímos y retiro los pies para que se pueda sentar al lado mía, y, con un salto de noventa y cinco grados de longitud se sienta al lado mía y me mira fijamente...

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